Cámara

He llegado antes de lo pautado. La adrenalina de estos primeros encuentros embriaga mi sentido de la puntualidad. Me he hecho adicto a este tipo de juegos que impulsan mi creatividad y aplican ignición a una mezcla explosiva ineludible cuando tengo mis historias estancadas.

La cacería se ha vuelto tan necesaria como la dosis de nutella, razón por la cual he escogido este lugar con sus enloquecedoras tartaletas. Hago una seña al mesonero ordenando dos de estas esculturas achocolatadas. Mientras espero a la hermosura de esta vez, me distraigo con los jardines idílicos que se erigen alrededor de esta glorieta de inspiración claramente francesa.

A la distancia puedo apreciar una sesión de fotos en desarrollo, el contraste del vestido blanco de la novia con las azucenas resulta imposible de ignorar. Me recuerda mi propia boda, en realidad me recuerda las dos, llevadas a cabo en la misma primavera.

La imagen de la novia me inspira, por lo que decido que en mi próxima historia incluiré una boda y un funeral. Ambos van de la mano. Abstraído en la idea, no noto cuando la pelirroja de mi cita se planta frente a mi mesa con una sonrisa que borra el brillo de cualquier estrella.

La invito a sentarse y antes de que pueda continuar con mi galantería, ella posa un teléfono con la cámara abierta sobre la mesa. Con una sonrisa lo extiende hasta mi puesto. Sorprendido le digo que no entiendo a lo que me comenta que me lo envía la abuela.

Absorto lo tomo, borrando la sonrisa estúpida de casanova que tenía dibujada en la cara y sin dar tiempo a nada, me señala que vea las últimas fotos y que no me preocupe, que me contactaran ahí, levantándose de la mesa y estirando las arrugas de su vestido floreado.

Pensaba que mi historia con la abuela había terminado luego del fallo de la pastilla. Mientras reviso la galería de fotos, veo en sincronía una en la que me veo bajando del carro llegando a esta pastelería, otra contactando al mesonero y una de la novia en la sesión de fotos que admiraba por la ventana.

Las tartaletas son depositadas en la mesa y confundido trato de entender el significado de las imágenes que acabo de ver en lo que un mensaje de un número bloqueado ilumina la pantalla. Lo abro y trato de digerir su contenido: Querido Nieto, errores suceden todos los días pero para borrar tu deuda con esta familia, es requerido que ejecutes otra tarea. La novia debe ser destruida con la cereza de la tartaleta. La cámara del celular es para recibir la prueba de que la tarea fue cometida. Bendiciones.

El servicio continúa a mí alrededor desarrollándose ajeno a la instrucción que acabo de recibir. Guardo en mi saco el celular y en mi bolsillo la cereza. Sumergido en el planeamiento, me levanto de la mesa dejando un billete sujetado con mi servilleta. Decido ir al encuentro de mi destino, en el que el juego se ha convertido en realidad. Me alejo hacia la salida pero me detengo en el fasto recorrido, nunca en la vida se es tan complicado como para dejar un postre de nutella desamparado sin mordisquear.

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