Intravenosa

Las uñas combinadas a perfección con el uniforme son el punto determinante en la femineidad de esta enfermera. Una coleta que agrupa una rubia melena reposa sobre su hombro derecho a la vez que unos anteojos de diseñador esconden unas joyas avellanadas concentradas en la colocación de la vía intravenosa de la joven reposada en esta cama de hospital.

Le regala una sonrisa de calma a la paciente y logra la captura de esa vena de forma rápida y con el menor dolor posible. Termina de colocar el adhesivo protector para completar su turno y recoge los materiales despidiéndose de forma cariñosa de la chicuela.

Sale al pasillo de este hospital moderno y arquitectónicamente agradable en el cual todo el trabajo de diseño y su magia del color facilita el olvidar momentáneamente que se encuentra en el área de oncología infantil. Saluda a todos los familiares que ya siente como suyos y antes de cruzar al cuarto de descanso se detiene en la puerta de una habitación de esquina.  Apenas asoma su cabeza en el interior de la suite de cristal y lanza un beso al adolescente que se encuentra distraído leyendo. Se retira escuchando un te amo lejano del muchacho sin cabello.

Usa su carnet para acceder a la sección reservada para el personal de salud. Se detiene al frente de su casillero para tomar su bolso y cambiarse el uniforme. Revisa la hora notando que va un poco tarde a lo programado. Guarda el atuendo clínico en la bolsa de lavandería del hospital con su nombre y lo deposita en el cesto. Observa por instantes la identificación del mismo esbozando una mueca de satisfacción.

Continúa su camino con decisión para llegar a tiempo. Acerca su mano al pomo en lo que la puerta se abre sorprendiéndola. En el espacio se encuentra de frente con ese coqueto cirujano oncólogo que le regala una sonrisa amplia. Sus miradas se unen expresándose lo que ellos no se dicen. El muere por invitarla a cenar y ella por ser invitada.

No puede permitirse más errores de juicio, los planes de esta versión de ella son claros. Ya ha vivido un revés en su historia de vindicta por dejar que su lado amoroso tomase control. No sucederá de nuevo aunque ese doctor sea encantador.

Habilidosamente logra zafarse de la grata impresión de sus sentidos en el encuentro y sigue rumbo al ascensor sintiendo el poder del alma de ese médico proyectándose sobre su espalda. No voltea a pesar de que sabe que él se encuentra aun mirándola en el quicio de la puerta. Gira su cara hasta encontrar el reloj digital sobre el led del ascensor. Tiene dos horas exactas para arreglarse antes de llegar al lugar de la recepción. Considerando que además debe encontrarse con la pelirroja para recibir el reporte del encuentro, sabe que no puede perder segundos que la desvíen del destino que debe ejecutar.

Al abrirse las puertas del ascensor entra, esperando que el galeno haya desistido. Al girar se topa con su mirada a la distancia. Decide en contra su propio sentido común y levanta su mano para regalarle un saludo sencillo. En el pequeño espacio que queda mientras van cerrándose las puertas se cuela el gesto amartelado de ese cirujano.

Esta identidad le gusta, ojalá que pueda mantenerla. Si bien de lo único que puede estar segura es que la abuela estará en esa boda y ahí por fin morirá con la ayuda de una intravenosa.

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