Selfie

La mano derecha de Ignacio reposa plácidamente sobre la rodilla izquierda en constante movimiento de Augusto. Sabe que su enamorado odia volar y ese subibaja rítmico es para controlar la angustia y evitar que nadie lo note. El nivel de conexión que tienen demuestra a una pareja que ni en los sueños más azucarados, esperaban cultivar una relación que les quitara el aliento como la que han construido los últimos cuatro años. Como si de la pluma de un dedicado escritor de romance se tratase, su historia empezó con una mirada compartida en aquella lejana sesión de fotos para la primera candidatura de Augusto. Ese atractivo político en ascenso siendo siempre el cazador, quedó sugestionado por el encanto de un guapo e intrigante fotógrafo y antes de darse cuenta, ambos estaban completamente conquistados.

La idea magistral de Ignacio de que Augusto se tomase un par de días de su intensa agenda y lo acompañase a la pauta de la sesión de trajes de baño, había resultado en una escapada maravillosa y relajante que el candidato necesitaba. Ignacio sabía que su compañero precisaba liberar el estrés de la frenética disputa electoral y logró con ayuda del equipo de campaña que Augusto se olvidase de ese delirante maratón, al menos por un fin de semana.

Augusto va en camino en convertirse en un ícono en el país, hecho que ambos saben y les divierte. Una pareja que rompía esquemas y marcaba un camino de progreso y tolerancia a una nación que tanto lo necesitaba. Juntos resultaban un equipo encantador que se complementaban y se obligaban a hacer cosas que jamás el otro haría, como las fotos de esta semana, nunca esperadas de un político y que luego de capturadas por recreación a través del lente de Ignacio, los analistas de estrategia política consideraban que dispararía al candidato a la cúspide y terminaría de aniquilar a ese aspirante populista.

Juntos sentían cuando creaban magia y tras esa falla de un modelo masculino, las inhibiciones de Augusto fueron quebradas por el equipo de Ignacio que logró ponerlo en un minúsculo traje de baño demostrando un increíble cuerpo intensamente trabajado a pesar de estar siempre enfundado en un traje.

La mirada de complicidad cargada de confianza y la sonrisa pícara que le regaló Ignacio al despojarse de la bata quedando en algo más pequeño que cualquiera de sus interiores, fue lo que le hizo borrar las dudas en su mente dejándose llevar causando conmoción en la orilla de la playa.

Ignacio y Augusto comparten una conexión visual poderosa que se repitió al ver la escena de esa pareja mientras se comprometían en las máquinas de rayos x ante la atención de un perplejo número de espectadores. Ignacio logró captar ese instante inesperado que se desarrollaba justo en la línea ante ellos para luego de los aplausos acercarse a la pareja y mostrarles la gráfica. Ambos amaron ese instante que regalaba ese chico sudoroso arrodillado frente a esa sorprendida morena por lo que al ver a los ojos a Ignacio, Augusto sellaba el compromiso de impulsar una reforma en la ley que les permitiese a ellos ser los protagonistas de un momento similar.

Era de esperarse que cuando los recién comprometidos se sentaron al otro lado del pasillo de ellos, tanto Ignacio como el angustiado Augusto no pudieron rechazar la solicitud de la morena recién anillada de tomarse un selfie.

A la vez que la voz del piloto arrojaba la instrucción a la cabina de que preparase para el cierre de puertas, Augusto se soltó el cinturón, alejándose de la ventana y pasándole encima a Ignacio para compartir el encuadre.

El interior de la cabina se convirtió rápidamente en un delirante jolgorio para formar parte de la imagen. Mientras Ignacio se acercaba, la estrenada comprometida acercó los labios enfundados en un labial perfecto al oído de Augusto, indicando una frase que lo sorprendería: ¨La abuela me le da la bendición¨.

Mientras un grupo de sobrecargos impartía instrucciones de emergencia en una cabina en ebullición que compartía un selfie que se virilizaría en las redes, Augusto volvía a su puesto con una sonrisa de calma que asombraría a Ignacio y un escritor con aliento a Nutella ofrecía un caramelo rosado a una despampanante rubia sentada a su lado.

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